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Había una vez un perro llamado Bongo que tenía su cama junto a una ventana. Desde allí veía cómo su barrio se preparaba para dormir.
Bongo contaba ventanas desde su cama. Una luz en la panadería, dos en la plaza, tres sobre el puente.
Una noche faltó una. Bongo salió y encontró una familia leyendo sin encender la lámpara, porque la luna iluminaba suficiente.
Volvió tranquilo. Desde entonces contaba luces y también ventanas oscuras: cada una guardaba una historia distinta.



