☾ Lunacuento

El dinosaurio que no quería bostezar

3-5 años · 3 min · aprox. · Original
El dinosaurio que no quería bostezar

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Hace mucho tiempo, en un valle lleno de helechos, vivían dinosaurios de todos los tamaños. Al atardecer se despedían junto al río y cada familia regresaba a su cueva.

Tilo era un dinosaurio pequeño con un bostezo enorme. Cuando bostezaba, las hojas temblaban y a veces una mariposa cambiaba de rama. Aquella noche sus vecinos se habían dormido temprano. Tilo miró las cuevas oscuras y apretó la boca. No quería despertar a nadie.

Primero probó a pensar en piedras. Una piedra, dos piedras, tres piedras. Pero la tercera le pareció tan cómoda que tuvo todavía más sueño. Después tomó un sorbo de agua. El bostezo esperó educadamente a que terminara y volvió a empujar detrás de sus dientes.

—No salgas —susurró Tilo, con las mejillas redondas. Su hermana Nara lo encontró sentado junto al helecho de la entrada. Pensó que estaba escondiendo una ciruela. Tilo negó con la cabeza y señaló su boca con una pata.

Nara entendió por fin. Trajo una hoja grande para taparle el hocico. Tilo abrió un poquito la boca. La hoja salió volando y aterrizó sobre la cabeza de Nara como un sombrero. Los dos se rieron, bajito al principio y luego un poco más.

—Podemos ir hasta la colina —propuso ella. Subieron por el sendero corto, donde las piedras todavía estaban tibias. Desde arriba vieron las cuevas, el río y una nube larga. Tilo se puso de cara al cielo. El bostezo le llenaba ya la cabeza entera.

Entonces, desde abajo, se oyó un aaaaah suave. Era el abuelo. En otra cueva respondió una tía. Y detrás de una roca bostezó un vecino que había salido a mirar la luna. El valle no estaba enfadado: también tenía sueño.

Una escena de El dinosaurio que no quería bostezar

Tilo dejó salir su bostezo. Fue largo, redondo y mucho menos ruidoso de lo que había imaginado. Nara bostezó después. Una mariposa se cambió de rama, acomodó las alas y siguió durmiendo.

Volvieron a casa despacio. Nara dejó la hoja junto a la cama de su hermano. —Por si mañana necesitas un sombrero —dijo. Tilo apoyó la cabeza, cerró los ojos y no tuvo que guardar nada más. Afuera, una brisa movió los helechos sin despertar al valle.

Un ratito para conversar

¿Y tú qué piensas?

  1. ¿Por qué Tilo no quería bostezar?
  2. ¿Qué pasó con la hoja grande?
  3. ¿Quiénes más tenían sueño?