☾ Lunacuento

El dragón que tejía nubes

3-5 años · 3 min · aprox. · Original
El dragón que tejía nubes

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Más allá de las colinas vivía Doro, un dragón de manos cuidadosas. Desde su cueva veía las casas del valle y saludaba con una pata a quienes levantaban la vista.

Doro no guardaba tesoros. Guardaba ovillos de niebla en una cueva alta y tejía nubes para el valle. Las hacía largas para las tardes de verano y redondas para esconder el sol un ratito. Su herramienta favorita era un par de agujas de madera que había pulido con mucho cuidado.

Un día quiso tejer una nube con forma de oveja. Hizo cuatro patas, una cabeza y una cola diminuta. Pero al soltarla, el viento estiró las patas hasta convertirlas en cintas. Doro la recogió antes de que se alejara y volvió a empezar. La segunda oveja parecía una cuchara.

El dragón frunció el hocico. Tenía una invitación para la fiesta del valle y quería llevar algo especial. Nadie había pedido una oveja, pero él había decidido que debía ser perfecta. Deshizo la nube y dejó un montón de niebla sobre el suelo.

Una golondrina entró a descansar en la cueva. Preguntó por qué había tantas nubes sin terminar. Doro le mostró su dibujo. La golondrina ladeó la cabeza. —Desde arriba las nubes cambian continuamente —dijo—. Quizá tu oveja quiere ser otra cosa.

Doro soltó un trocito de tejido por la ventana. La golondrina lo siguió. Primero pareció un pez; después, una zapatilla. El dragón se rio por primera vez en toda la tarde. Tejió una nube grande sin patas, sin cabeza y sin decidir de antemano qué debía parecer.

La llevaron juntos hasta el valle. Doro la soltó sobre la plaza, lejos de las montañas. El viento la estiró suavemente. Un niño vio un barco. Una panadera vio una hogaza. La golondrina dijo que parecía un dragón acostado, aunque nadie estuvo del todo de acuerdo.

Durante la fiesta, cada persona encontró una figura distinta. Doro ya no intentó corregirlas. Se sentó a comer una pera mientras la nube avanzaba y cambiaba de forma. Al anochecer se volvió rosada y tan larga que parecía un camino.

De regreso en la cueva, el dragón guardó las agujas. Dejó el dibujo de la oveja junto a la cama: podría intentarlo otro día, si le apetecía. Esa noche soñó con una nube que no necesitaba quedarse quieta para ser un buen regalo.

Un ratito para conversar

¿Y tú qué piensas?

  1. ¿Qué quería tejer Doro?
  2. ¿Por qué cambiaban las formas de sus nubes?
  3. ¿Qué figuras vieron los vecinos?