☾ Lunacuento

El gato que remendaba sombras

6-8 años · 4 min · aprox. · Original
El gato que remendaba sombras

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Había una vez un gato llamado Nico que tenía mucha paciencia para arreglar cosas. En su taller nunca faltaba una silla para quien quisiera conversar mientras él trabajaba.

Nico reparaba paraguas en un taller al final de la calle. Una tarde, mientras ordenaba sus hilos, vio una sombra entrar por debajo de la puerta. Tenía cuerpo de conejo y una sola oreja. Se quedó junto a su mesa, muy quieta, como esperando turno.

El gato abrió la puerta. Afuera estaba Vera, la coneja de la floristería. Su sombra parecía rota desde aquella mañana. Había probado a peinarse la oreja, a saltar y a ponerse un sombrero, pero en la pared seguía apareciendo solo una. Nico nunca había arreglado sombras. Aun así, decidió observar antes de decir que no.

Extendió una tela negra junto a Vera. La sombra cayó sobre ella y desapareció por completo. —Ahora está peor —dijo la coneja. Nico retiró enseguida la tela. Luego intentó trazar la oreja que faltaba con una tiza. Quedó una oreja blanca al lado de una sombra negra; no se parecía en nada a una reparación.

Ya anochecía cuando encendieron el farol del taller. En la pared de enfrente aparecieron dos orejas perfectas. Vera dio un salto de alegría. Pero al volver junto a la ventana, una oreja desapareció otra vez. Nico dejó la aguja que había cogido por costumbre y empezó a mover el farol.

Cuando la luz llegaba de frente, las orejas se veían separadas. Cuando llegaba de lado, una quedaba detrás de la otra. No faltaba ninguna: estaban superpuestas. Vera se giró despacio. Su sombra cambió de forma y, por un instante, pareció tener unas orejas larguísimas.

Nico llevó un taburete al patio y colocó el farol encima. Invitaron al perro de la esquina a probar. Su sombra tenía patas gigantes si se acercaba a la lámpara. La de Nico parecía una torre con bigotes. Vera hizo una mariposa cruzando las manos delante de la luz.

Al día siguiente colgaron un cartel pequeño: teatro de sombras, después de cerrar. Nico siguió reparando paraguas durante el día. Al atardecer despejaba una pared y Vera traía flores cuyas sombras parecían árboles. No cobraban por las funciones; cada vecino inventaba un personaje y ayudaba a recoger.

La primera obra trató de un conejo que buscaba una oreja. Al final descubría que siempre la había llevado puesta. Vera hizo una reverencia. Nico apagó el farol y todas las sombras descansaron al mismo tiempo. Guardó la aguja en su caja: había cosas que se arreglaban cambiando de sitio una luz.

Un ratito para conversar

¿Y tú qué piensas?

  1. ¿Qué reparaba Nico normalmente?
  2. ¿Por qué parecía faltar una oreja?
  3. ¿Qué hicieron los vecinos en el taller?