☾ Lunacuento

El paraguas de la tortuga

3-5 años · 3 min · aprox. · Original
El paraguas de la tortuga

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En una casita de puerta verde vivía Tomasa, una tortuga que disfrutaba de los paseos bajo la lluvia. Le gustaba escuchar las gotas sobre las hojas antes de llamar a casa de un amigo.

Tomasa colgaba su paraguas amarillo junto a la puerta. No le importaba que su caparazón se mojara, pero le gustaba llegar con la nariz seca a visitar a sus amigos. Una mañana de lluvia encontró el gancho vacío. En el suelo había un charquito y tres huellas de barro.

Siguió las huellas hasta la casa del pato. —¿Has visto mi paraguas? —preguntó. El pato señaló el jardín. Lo había encontrado junto a la verja, donde el viento lo había dejado. Lo usó para proteger un nido caído mientras buscaba a sus dueños. Después, la nutria se lo llevó.

Tomasa avanzó hasta el río. La nutria estaba guardando unas cuerdas. Había utilizado el paraguas como techo para su cesta de ropa limpia. Pero una ráfaga lo arrastró hasta el prado antes de que pudiera devolverlo. —Lo siento —dijo—. Iba a buscarte para contártelo.

Fueron juntas al prado. Entre la hierba asomaba algo amarillo. Tomasa lo reconoció enseguida, aunque el mango estaba torcido. Debajo había una familia de caracoles esperando que terminara el aguacero. El más pequeño se había quedado dormido contra una varilla.

—Es mi paraguas —dijo Tomasa. La madre caracol empezó a recoger sus cosas. Tomasa miró el cielo, luego al pequeño dormido. —No hace falta salir todavía —añadió. Se sentó al lado y metió la cabeza bajo el borde. La nutria se acomodó en el otro extremo.

Esperaron oyendo las gotas. El pato llegó con una cinta que había encontrado junto a la verja. Era la cinta del paraguas. Se la entregó a Tomasa y prometió ayudarla a enderezar el mango cuando dejara de llover.

Al salir el sol, los caracoles continuaron su camino. Entre los tres amigos arreglaron el mango y secaron la tela. Tomasa volvió a casa llevando el paraguas abierto, aunque ya no caía ni una gota. Le gustaba su pequeña sombra amarilla.

Lo colgó en su sitio y puso un cordón para que el viento no pudiera llevárselo. Al lado dejó una nota: si lo necesitas, llama a la puerta. Luego se preparó una merienda. La nariz seguía seca, y ahora tenía una historia larga para contar.

Un ratito para conversar

¿Y tú qué piensas?

  1. ¿De qué color era el paraguas?
  2. ¿Quién dormía debajo cuando Tomasa lo encontró?
  3. ¿Qué hizo para que el viento no volviera a llevárselo?