☾ Lunacuento

Hansel y Gretel

6-8 años · 5 min · aprox. · Adaptación
Hansel y Gretel

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Adaptación nueva y suavizada de un cuento clásico.

Cerca de un bosque de abedules vivían dos hermanos llamados Hansel y Gretel. Conocían los pájaros del jardín y el ruido de la leña al caer en el cobertizo de su padre.

Hansel y Gretel acompañaron a su padre a recoger leña. Él les pidió que descansaran junto a un tronco mientras terminaba una tarea cerca. Los hermanos vieron una mariposa azul y la siguieron entre los árboles. Cuando quisieron volver, ya no reconocían el sendero. Llamaron a su padre, pero el viento se llevó sus voces.

Hansel había dejado caer migas del pan de su merienda al avanzar. Pensó que podrían seguirlas de regreso. Sin embargo, los pájaros se las habían comido. Gretel encontró un claro y propuso quedarse allí hasta que alguien los oyera. Esperaron juntos. Al caer la tarde vieron una luz entre los troncos y decidieron acercarse llamando en voz alta.

La luz pertenecía a una casa sorprendente. El tejado parecía de bizcocho, las ventanas eran de azúcar y el porche olía a canela. Una anciana abrió la puerta. Les ofreció sopa y una cama, asegurando que los ayudaría a volver por la mañana. Los hermanos, cansados, aceptaron sin saber que era una bruja que quería retener ayudantes para su enorme cocina.

Al despertar encontraron la puerta cerrada. La anciana les entregó dos delantales y señaló montañas de platos. —Hasta que todo esté limpio, no saldréis. Cada vez que terminaban una pila, aparecía otra. Hansel dejó de fregar y miró a su hermana. Aquello no era la ayuda que les habían prometido.

Gretel observó que la bruja llevaba la llave colgada de un cordón. También vio un armario lleno de escobas que se movían cuando la anciana chasqueaba los dedos. Durante la comida preguntó cómo funcionaban. La bruja, orgullosa, explicó que barrían solas, pero solo ella conocía la palabra para detenerlas.

—¿Podrían limpiar también el almacén? —preguntó Hansel. La anciana abrió aquella habitación y mandó entrar a las escobas. Gretel fingió no comprender dónde debía guardar un saco de harina. La bruja dejó la llave sobre la mesa y entró a mostrarle el estante. Los hermanos salieron de la cocina y cerraron la puerta del almacén desde fuera.

No encendieron ningún fuego ni hicieron daño a la anciana. Le dijeron a través de la puerta que irían a buscar ayuda. Hansel tomó la llave y Gretel abrió la salida. Dejaron el cordón atado al picaporte, para que los adultos que llegaran pudieran encontrarlo. Después caminaron hacia el claro por donde habían venido.

Allí oyeron una campana. Su padre y varios vecinos los estaban buscando. Gretel respondió gritando sus nombres y esperaron juntos hasta que él llegó. Los abrazó mucho rato. Los hermanos contaron lo sucedido y acompañaron a los adultos hasta la casa de dulces. La bruja tuvo que abrir sus puertas y dejar de retener visitantes.

En casa, Hansel y Gretel cenaron pan corriente y sopa corriente. Les parecieron deliciosos. Su padre les prometió que, en el próximo paseo, llevarían un silbato y acordarían un lugar donde esperar si se separaban. Ellos prometieron no alejarse sin avisar.

Antes de acostarse, Gretel puso dos sillas junto a la ventana. Se sentaron un momento a mirar el jardín conocido. Hansel preguntó si volverían a comer bizcocho. —Claro —respondió ella—. Pero del que hagamos aquí. Luego apagaron la lámpara y descansaron, con la puerta de su habitación entreabierta.

Un ratito para conversar

¿Y tú qué piensas?

  1. ¿Por qué no sirvieron las migas para regresar?
  2. ¿Cómo consiguieron salir de la casa?
  3. ¿Qué acordaron para los próximos paseos?