Había una vez una princesa llamada Vera que prefería cultivar flores a organizar desfiles. Detrás del palacio había un muro cubierto de hiedra. Nadie entraba allí porque todos pensaban que el jardín estaba muerto.
Vera no plantó inmediatamente. Primero recorrió el jardín con cuidado para descubrir qué seguía vivo. Encontró una mata de menta junto al muro y un nido vacío entre las ramas. Dibujó ambos lugares en un papel: quería recuperarlo sin estropear lo que ya tenía hogar allí.
Una mañana Vera encontró una llave oxidada entre las raíces. Abrió una puerta pequeña y descubrió caminos cubiertos de hojas, una fuente seca y semillas guardadas en cajitas. En una pared alguien había escrito: «Este jardín pertenece a quien lo cuide».
El primer día todos propusieron algo diferente. Un niño quería un columpio; la panadera, hierbas para sus panes; el carpintero, un rincón de sombra. Vera empezó a hablar muy deprisa para decidirlo todo, pero se detuvo. Sacó su dibujo y dejó que cada vecino marcara un lugar.
Se pusieron de acuerdo en hacer primero un sendero ancho. Así también podrían entrar quienes usaban bastón o llevaban un carrito. Apartaron las piedras pequeñas, conservaron los árboles sanos y colocaron las plantas que necesitaban sol lejos de la pared. Cada tarea tenía su momento.
Una tarde descubrieron que los pájaros se bebían el agua de los semilleros. En lugar de espantarlos, prepararon un cuenco para ellos. Vera lo llenó al atardecer y escuchó el primer chapoteo. El jardín empezaba a parecerse al dibujo, aunque tenía visitantes que nadie había previsto.
Vera pidió ayuda a sus vecinos. Los niños retiraron ramas, los mayores repararon la fuente y una mujer que sabía de semillas explicó cuándo plantar cada una. La princesa no mandó desde una torre: trabajó con las manos y escuchó cada propuesta.
Al cabo de unas semanas aparecieron flores de muchos colores. Vera dejó la puerta abierta y colocó un banco junto al sendero. El jardín ya no pertenecía a una sola persona. Pertenecía a todos los que encontraban allí un lugar para descansar.



